miércoles, 8 de junio de 2011

¿Qué es una Synaxis?

Synaxis quiere decir reunión, asamblea, congregación. Se refiere al verbo juntar, agrupar, reunirse. Es exactamente el equivalente del latín collecta y se puede referir a un lugar de reuniones.


En el uso cristiano de la palabra, synaxis es la reunión que se realiza para cualquier oficio religioso. Estos oficios o servicios religiosos son por lo general pequeños y no se refieren a la Divina Liturgia mas que de manera muy esporádica. La sinaxis consiste solamente de ciertos rezos, oraciones y salmos que se comparten en una reunión que puede ser de familiares o amigos. Es de notarse el tamaño pequeño de asistentes. Casi podría decirse que es una tertulia sólo que con un fin religioso en la práctica.


Eso es precisamente lo que somos: un grupo de familiares y amigos cercanos que nos juntamos periódicamente para agradecer a Dios, que profesamos la Fe Cristiana Ortodoxa y/o que estamos interesados en la misma.


Estamos conscientes y convencidos de nuestro particular camino y propósito en la vida que es dar Testimonio de Jesucristo en nuestra vida diaria y en un lugar que no conoce la Fe Ortodoxa. Somos también un pequeño grupo de cristianos ortodoxos que a pesar de varios intentos y esfuerzos, no contamos con ningún templo bonito donde celebrar ni con la presencia de ningún sacerdote periódicamente; solo nos tenemos los unos a los otros.


Si bien hemos sido bautizados en la Verdadera Fe y comulgamos con las iglesias ortodoxas canónicas (p. ej: Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, Patriarcados de Moscú, Antioquía, Jerusalén, ROCOR, OCA, etc), no formamos parte de ninguna de sus metrópolis o jurisdicciones. Entendemos que desgraciadamente, el problema de las jurisdicciones y el lento y conflictivo desarrollo de la Iglesia Ortodoxa en el continente americano obedece más a cuestiones políticas y económicas que a cuestiones humanas y de disponibilidad de recursos.


Sabemos que nuestra situación suena poco adversa y que podemos afligirnos o desanimarnos por no contar con esos aspectos exteriores de ayuda. Sin embargo, estamos convencidos que la Fe la vivimos desde nuestros corazones y que el verdadero cuerpo de Jesús, su Iglesia, se construye sobre piedras vivas que somos nosotros y no sobre ningún edificio por muy hermoso y magno que éste sea, ni sobre ningún clérigo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Primer Domingo de Cuaresma: El Triunfo de la Ortodoxia


Éste primer domingo de la cuaresma, nuestra iglesia celebra el Triunfo de la Ortodoxia. Desde una perspectiva histórica, éste triunfo se refiere al regreso de los íconos a las iglesias que habían sido prohibidos en el año 726 d.C. por ciertos jerarcas de la iglesia erróneamente influenciados por el judaísmo y el naciente islam, formando el partido de los iconoclastas. Los iconoclastas confundían la veneración de los íconos con la idolatría y fue por eso que durante más de 100 años, los íconos fueron prohibidos y sacados de la vida litúrgica de nuestra iglesia.


Sin embargo, dicha confusión no duró mucho tiempo ya que los iconófilos lucharon por esclarecer dicha confusión, exponiendo primordialmente que dado que Jesucristo, la Madre de Dios y los Santos estuvieron de paso por éste mundo, el hombre los conoció y le es posible por lo tanto representarlos a través del arte. Esa representación artística de su santidad conocida también como iconografía (escritura de los íconos) o hagiografía (escritura o representación de lo sagrado) será una ventana a lo divino: cuando un fiel venera un ícono, es decir cuando se persigna ante él y lo besa, no estará venerando la pieza de arte en sí, el pedazo de madera, sino la divinidad que representa: Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, la Virgen María, o la Santidad de los Apóstoles y muchas más piedras de la Iglesia. La veneración de los íconos es el medio del cual nos valemos para adorar a Dios de acuerdo a nuestras características y limitaciones humanas. Los íconos son además enseñanzas doctrinales de la Iglesia a través del arte y la belleza.


Finalmente, la veneración de los íconos fue restablecida en la Iglesia y dicha enseñanza quedó plasmada en el Séptimo Concilio Ecuménico del año 787 d.C. Es por eso que a partir del año 843, la Iglesia estableció el primer domingo de la cuaresma como el Domingo del Triunfo de la Ortodoxia.


Empero, la celebración del Triunfo de la Ortodoxia no se refiere exclusivamente a éste acontecimiento histórico. Se refiere también a ese Triunfo que vive nuestra Fe a cada momento. Significa el Triunfo de la enseñanza correcta sobre cualquier tipo de “interpretación” o confusión en nuestro espacio preciso. Éste domingo en particular, celebramos el triunfo último de la Verdad sobre la mentira, de la Luz sobre la obscuridad; festejamos la victoria de la adoración correcta a Dios sobre el culto erróneo a Él.


Nuestra época se caracteriza por una inhabilidad de trazar una línea clara entre el bien y el mal, lo cual nos lleva a un sinfín de confusiones. Éstas confusiones se presentan como algo bueno para nuestras almas, sin embargo en el fondo son un artimaña del maligno para alejarnos de Dios y de su Amor. ¿En qué consisten precisamente éstas confusiones? Mencionemos simplemente a grupos como Heaven’s Gate que cometieron suicidio colectivo en “adoración” a Dios. La confusión de nuestros tiempos no siempre es tan elaborada; también sucede en pequeños acontecimientos por ejemplo que al asesinato de bebés no natos se le llame opción a decidir; que al amor se le confunda con la lujuria y que a la homosexualidad se le conozca como estilo de vida alternativo, tan sólo por nombrar algunos.


La verdad es única y universal. Nuestra verdad es una verdad que vive y que triunfa en cada momento de nuestras vidas; es la misma manifestación eterna del amor divino hacia la humanidad. Pidamos a Dios que nos conceda vivir una vida correcta y libre de confusión en Él. Oremos para vivir triunfando en verdad y rectitud. Que nuestras vidas sean un ejemplo de Ortodoxia, de esa adoración correcta a Dios siendo piedras vivas de su iglesia.

viernes, 11 de marzo de 2011

CONSEJOS PARA UNA MISIÓN ORTODOXA NACIENTE

San Pablo Apóstol



En estos tiempos difíciles, se requiere de mucha labor para poder cosechar los frutos de una misión ortodoxa. Es por eso que debemos poner nuestros 5 sentidos al momento de hacer misión, dado que hay errores que pueden ser irreparables y que nos pueden conducir a perder todo el trabajo de años. Con el fin de que aquellas personas que se encuentren haciendo misión en la Fe Ortodoxa no cometan nuestros mismos errores, he creado una lista de puntos que si los hubiera sabido antes, hubiera sido muy benéfico para el trabajo misionero que hoy hacemos en Torreón.


Aquí están los puntos a los que me refiero:


1.- Antes que cualquier otra cosa, asegúrense de establecer en la práctica una celebración litúrgica o servicio y que éste sea constante. Una vez al mes, cada dos meses o cada tres; no importa, lo primordial es que sea constante y los miembros de la misión así lo perciban. Obviamente entre más cercano sea el intervalo mejor: una vez al mes o en casos una vez cada dos meses, dependiendo de las actividades de los miembros de la misión, será lo más adecuado. La presencia de un sacerdote es muy importante mas no indispensable. La misión puede continuar con sus celebraciones y recibir a un sacerdote una vez al año para que los miembros se confiesen. Existen comunidades ortodoxas en donde reciben la visita de su sacerdote dos veces al año y esto no es ningún impedimento para el crecimiento de dicha misión: celebrando los bautizos y crismaciones cuando viene el sacerdote.



2.- Por ningún motivo se precipiten en realizar papeleos ni trabajos administrativos de ningún tipo: el día que se tenga que cumplir con ciertos trámites, será porque se hará necesario acreditar lo que existe en la realidad y nada más. No cedan ante empujes de nadie para crear asociaciones, reconocer la personalidad jurídica de la misión, hacer documentos o firmar papeles. Será hasta el momento en que dicha misión se consolide y sea reconocida como tal ante los ojos de los miembros pero también de la sociedad en general en que se deba realizar ese papeleo, y sólo cuando la misión esté lista para convertirse en parroquia. Una parroquia representa al menos 25 familias. OJO: Las misiones que se precipitan en realizar trabajos administrativos de papeleo antes de tiempo, corren el riesgo de dejar de practicar la verdadera ortodoxia y terminar en una burocracia y administración organizativa religiosa. ¡MUCHO CUIDADO! La finalidad de la misión es nuestro crecimiento espiritual y la salvación de nuestras almas, no los “aseguramientos” legales que tal o cual jurisdicción pueda realizar. Nunca cedan ante presiones de nadie y de ningún tipo. El día que haya que reconocer lo que la realidad nos presente, entonces se tomarán cartas en el asunto; antes nunca.





3.- Si la misión cuenta con la visita de un sacerdote para administrar los misterios (las veces que sean al año: una o varias), procuren que sea siempre el mismo. Si la misión no está del todo conforme o a gusto con ese sacerdote u obispo, se vale invitar sacerdotes de otras jurisdicciones/tradiciones, hasta que encuentren a ese alguien cuyo perfil empata y se identifica plenamente con la comunidad. Sin embargo, una vez que ya se haya invitado a ese sacerdote en repetidas ocasiones, la misión debe procurar seguir con ese mismo. Por el otro lado, si no hay una razón grave y que sea de peso para alejarse de un sacerdote o jurisdicción, yo recomiendo que la misión siga trabajando con ese sacerdote o jurisdicción. La creación de una misión es un aprendizaje en muchas maneras. Muchas veces ese aprendizaje se refiere a ser pacientes y condescendientes con las faltas y errores de los demás sin solaparlos; sino dándonos cuenta de lo débil que es el ser humano y de lo constructivo que es el amor en Cristo que puede sanar cualquier alma y curar cualquier deformidad que en ella se encuentre.





4.- En caso que sea necesaria cualquier tipo de actividad que no se relacione específicamente con las celebraciones eclesiásticas (la renta o préstamo de un inmueble, la compra de material o mobiliario para la misión, gastos, y demás) sean lo suficientemente precavidos y tomen tiempo para escribirlo en papel. Cualquier acuerdo que la misión tome háganlo por escrito y fírmenlo entre los interesados. En una misión las cosas las hacemos de buena voluntad, pero nunca sabemos los giros que puedan tener nuestras personalidades: los humanos somos algo bastante complicado, un día podemos desear algo con mucho anhelo y al otro día cambiar de opinión. Además, el espíritu maligno puede atacar al mejor de entre nosotros.





5.- La misión debe siempre procurar establecer lazos amistosos y de familiaridad entre sus miembros de una manera natural. La amistad de los unos con los otros deberá prevalecer ante todo. El templo es la extensión de nuestros hogares. No sólo buscamos sentirnos orgullosos por tener una capilla ortodoxa a la cual ir a rezar los domingos, sino tener amigos para la eternidad. Alguna situación difícil puede llegar a nuestras vidas y aunque podemos encontrar muchos sabios consejos de muchas personas, siempre es bueno contar con el consejo de alguien que comparte nuestra Fe.





6.- La misión debe tener a una sola persona encargada para todo lo litúrgico y de catequesis. Sólo en caso de que la misión esté por convertirse en parroquia (más de 25 familias), requerirá de dos o más personas. Esto no es algo que yo saco de un libro, sino mi experiencia propia. Si bien es bueno involucrar a todos los integrantes de una misión en las labores administrativas (tesorería, organización de eventos, transporte de los sacerdotes, etc.) siempre habrá uno que: (1) se interesará más por toda la cuestión litúrgica (posible vocación al sacerdocio) y (2) que por su modo de vida y experiencias sea el más indicado para ese papel. MUY IMPORTANTE: Ser el encargado litúrgico y de catequesis es una gran responsabilidad. Por eso, al momento de aceptar ese cargo tenemos que seguir pase lo que pase. Un vacío de presencia de un papel como éste puede ser muy pernicioso para la misión y tener inclusive consecuencias desastrosas e irreversibles.





Estos puntos anteriores son algunos elementos que considero como principales para el desarrollo de una misión ortodoxa en nuestros días, en base a mi propia experiencia. De ninguna manera pretendo que sean una especie de guía para ninguna misión, pero considerarlos les podrá ser de gran ayuda. Tengamos siempre en cuenta que las misiones son agrupaciones vivas y que cada una de ellas es única y especial: sólo sus miembros (con la ayuda espiritual de un sacerdote comprometido) saben lo que mejor le conviene para su desarrollo.









domingo, 27 de febrero de 2011

Primer Domingo del Triodio: Parábola del Publicano y del Fariseo



En la Iglesia Ortodoxa, el Triodio es aquél periodo de 3 tres semanas junto con sus 4 cuatro domingos en los que los fieles ortodoxos nos preparamos a iniciar la Cuaresma con el pie derecho. En éste periodo se hace énfasis en las cualidades interiores y actitudes que tenemos que buscar proactivamente para vivir de manera verdadera nuestra Fe.


El primer domingo del Triodio está dedicado a la parábola del publicano y del fariseo (Lucas 18:10-14) la cual habla de un fariseo, quien es un hombre miembro de una secta judía estricta en cuanto a normas y costumbres religiosas que entra al templo. Una vez dentro, da gracias a Dios haciendo mención de todos sus logros: ayunar dos veces por semana, dar limosna, dar el diezmo, ser un hombre justo y recto, no ser adúltero e inclusive, no ser como "aquél" publicano. La actitud del fariseo es de vanagloria y autojustificación, pues va al templo a orar y dar gracias de lo grandioso que es pensando que éste es un logro personal y no una gracia divina. Más allá, no pide perdón de sus pecados puesto que él mismo ya se auto-perdonó todo y ésto es algo que le corresponde a Dios únicamente.


El segundo hombre, el publicano, es un hombre que se dedica a recolectar los impuestos que se deben llevar a Roma, muchas veces cometiendo injusticias y maltratando a los demás. En aquellos días, un publicano era considerado como traidor, dado que siendo él mismo judío, recolectaba el dinero de sus compatriotas para dárselo a los romanos. Sin embargo, consciente de no ser digno de ningún perdón por parte de Dios y humillado al entrar al templo, tapando sus ojos con sus manos y arrodillándose, pide sinceramente el perdón de Dios.


La parábola termina diciendo que el fariseo regresa a su casa sin nada y en cambio, el publicano regresa a su casa justificado, esto es liberado de toda culpa y pecado; a lo que la Sagrada Escritura dice: "pues todo el que se exaltare, humillado será, y el que se humillare, exaltado será"


El mensaje es muy claro: Dios actúa en un corazón sincero y arrepentido. El avance espiritual de cualquier persona se da en un terreno próspero, y ése terreno próspero es el arrepentimiento de todos nuestros errores y pecados, tanto voluntarios como involuntarios. Ese arrepentimiento sincero nos permitirá tener humildad en nuestras vidas y lo que es más importante, recibir a Jesucristo en nuestros corazones.


Preparémonos entonces para recibir a Cristo y que nos conceda un arrepentimiento sincero y ser humildes en todos nuestros actos y pensamientos para acercárnos más a El y parecernos más a El.

sábado, 23 de enero de 2010

Hamburguesada Diciembre 2008

La Misión Ortodoxa de la Laguna organizó su primer evento para recaudar fondos éste pasado mes de Diciembre de 2008. En éste evento participaron miembros de la comunidad junto con sus familiares y amigos. El comité organizador decidió vender hamburguesas; recaudando lo necesario para continuar con el trabajo apostólico de nuestra Iglesia.


La Comunidad Ortodoxa de la Laguna está formada por fieles cristianos ortodoxos comprometidos con la verdad evangélica tal como fue transmitida por Jesucristo Nuestro Señor a los Santos Apóstoles. ¡Que Dios bendiga éste primer paso!


















sábado, 8 de agosto de 2009

La Ortodoxia como Ciencia Terapéutica

¿Qué es el Cristianismo?

Muchas personas que intentan interpretar el sentido del Cristianismo lo ven como una de tantas religiones y filosofías conocidas desde la antigüedad. Ciertamente el Cristianismo no es una filosofía en el sentido que prevalece en la actualidad. La Filosofía como tal supone un sistema de pensamiento que en muchos casos no tiene relación con la vida. La diferencia principal entre Cristianismo y Filosofía es que la segunda es más bien producto del pensamiento humano, siendo que el Cristianismo es La Revelación de Dios. No es un descubrimiento humano, sino una revelación de Dios mismo para el hombre. Hubiera sido imposible a la lógica humana encontrar por sí sola las verdades del Cristianismo. En donde la palabra humana carecía de fuerza, vino la palabra divina en humano, es decir Cristo el Dios-Hombre, el verbo de Dios. Esta revelación divina fue formulada en los términos filosóficos de aquella época, sin embargo cabe enfatizar que no se trata de una filosofía. El envoltorio de la palabra divina fue tomado de la filosofía de aquél tiempo.
San Juan Crisóstomo, al interpretar a Isaías 3.1 : “Pues he aquí que el Señor Yahveh Sebaot está quitando de Jerusalén y de Judá todo sustento y apoyo; el valiente y el guerrero, el juez y el profeta, el augur…” observa lo siguiente: “Pareciera ser que llamase augur a aquella persona capaz de conjeturar el futuro a través de su inteligencia profunda y experiencia sobre cosas. Augurar y profetizar son sin embargo dos conceptos diferentes: el profeta, poniéndose a sí mismo de lado, habla bajo inspiración divina; el augur por su parte empieza a partir de lo ya sucedido, pone su propia inteligencia y trabajo y prevé varios eventos futuros, tal como una persona inteligente normalmente lo haría. Sin embargo la diferencia entre ambos es abismal: es la distancia que separa la inteligencia humana de la gracia divina.


Así que la especulación (o filosofía) es una cosa, y profecía o la palabra del profeta que teologiza, otra. La primera es una actividad humana mientras que la segunda es una revelación del Espíritu Santo.


En los escritos patrísticos, y especialmente en las enseñanzas de San Máximo, la filosofía es referida como el comienzo de la vida espiritual. Sin embargo, utilizó el término “filosofía práctica” para referirse a limpiar el corazón de las pasiones, que es el primer peldaño del viaje del alma hacia Dios.


A pesar de lo anterior, el Cristianismo no puede ser considerado como religión, al menos en el sentido actual. Dios es visualizado habitualmente como viviendo en el cielo y dirigiendo la historia humana desde lo alto: Es extremadamente exacto, buscando su satisfacción a partir del hombre, quien ha caído a la tierra en su enfermedad y debilidad. Existe una barrera que separa a Dios del hombre. Esto debería ser superado por el hombre y la religión llega a ser una ayuda muy efectiva. Son muchos los ritos religiosos que se emplean para tal propósito.


De acuerdo con otro punto de vista, el hombre se siente impedido, sin poder alguno en medio del universo y necesita de un Dios todo poderoso para que le ayude en su debilidad. En este punto de vista, Dios no crea al hombre, sino al revés; el hombre crea a su Dios. Una vez mas, la religión es concebida como la relación del hombre con su Dios Absoluto, esto es, la relación entre Yo con el Absoluto El. De nueva cuenta, muchos ven a la religión como un medio por el cual las personas se engañan a sí mismas, transfiriendo todas sus esperanzas a la vida futura. En éste camino, son fuertes los poderes que presionan a las personas por medio de la religión.


Pero el Cristianismo es algo todavía más elevado que éstas interpretaciones y teorías; ni siquiera puede ser contenido dentro de la definición habitual de religión otorgada en las religiones “naturales”. Dios no es el Absoluto El, sino una persona con vida que se encuentra en comunión orgánica con el hombre. Mas allá, el Cristianismo no simplemente transfiere los problemas al futuro o espera el reino venidero tras la historia y tras el fin de los tiempos. En el Cristianismo, el futuro se vive en el presente y el reino de los Cielos empieza en ésta vida. De acuerdo con la interpretación patrística, el reino de los Cielos es la gracia del Dios Trinitario, es una visión de la Luz no creada.


Somos cristianos ortodoxos y no estamos esperando el fin de la historia o de los tiempos, sino que a través de vivir en Cristo, corremos hasta encontrar el fin de la historia y por ende, vivimos la vida esperada tras la Segunda Venida. San Simeón el Nuevo Teólogo dice que quien ha visto la luz increada y se ha unido con Dios, no espera la Segunda Venida de nuestro señor, sino que la vive. Así que lo eterno nos envuelve a cada instante de tiempo. Entonces, el pasado, presente y futuro son esencialmente vividos en una unidad inquebrantable, en el tan llamado tiempo condensado.


Por todo lo anterior, la Ortodoxia no puede ser caracterizada como el “opio de la gente”, precisamente porque no pospone los problemas. Ofrece vida, transforma la vida biológica, santifica y transforma sociedades enteras. En donde la Ortodoxia es vivida de la manera adecuada y en el Espíritu Santo, es la comunión de Dios con los hombres, de lo celestial con el mundo, de la vida y la muerte. En ésta comunión todos los problemas que se presentan en nuestras vidas son verdaderamente resueltos.


Sin embargo, como la membresía de la Iglesia incluye tanto a personas enfermas como a primerizos en la vida espiritual, se espera que más de uno entienda al Cristianismo como religión en los términos y en el sentido referido con anterioridad. La vida espiritual es un trayecto dinámico. Comienza con el bautismo, que es la purificación de la imagen y continúa con la vida ascética encaminada a obtener esa “semejanza”, que es otra manera de llamar a la comunión con Dios. En todo caso, debe quedar claro que a pesar que nos refiramos al Cristianismo como religión, tendremos que hacerlo con ciertas presuposiciones indispensables.


La primera de ellas, es que el Cristianismo es principalmente una Iglesia. Iglesia significa “Cuerpo de Cristo”. Existen muchas partes en el Nuevo Testamento que se refieren al Cristianismo como “La Iglesia”. Tan sólo haría falta mencionar las palabras de Cristo: "Y yo te digo a ti que Tu eres Pedro y sobre ésta piedra edificaré yo mi iglesia"(Mat.16:18) y las palabras del Apóstol Pablo a los Colosenses "El es la cabeza del cuerpo de la iglesia" (1:18) y a su discípulo Timoteo: "... para que si tardo, veas como te conviene conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad" (1Tim,.3,15). Esto quiere decir que Dios no vive simplemente en el cielo y dirige la historia y las vidas de los hombres desde allá, sino que se encuentra unido a nosotros. El asumió la naturaleza humana y la deificó; por lo tanto la naturaleza humana deificada de Cristo se encuentra a la Diestra del Padre. Por lo tanto, Cristo es nuestra vida y nosotros somos miembros de Cristo.


La segunda presuposición es que el objetivo de la Fe Cristiana es obtener el etado de gracia de la deificación. La Deificación es idéntico al parecerse, esto es, ser como Dios. Sin embargo, para poder alcanzar esa semejanza y obtener esa visión de Dios y para que dicha visión no sea un fuego que consuma sino una luz dadora de vida, la purificación tuvo que haberse presentado previamente. La purificación y sanación es el trabajo de la Iglesia. Cuando el cristiano participa en el culto sin sobrellevar la purificación – y más aún cuando tales actos de culto tienden a la purificación del hombre – entonces se dirá que aquél hombre no se encuentra viviendo dentro de la iglesia. El Cristianismo sin el proceso de purificación es una utopía. Es cuando estamos siendo purificados, especialmente cuando somos testigos de nuestra sanación, que podemos hablar de religión; y esto concuerda perfectamente con las palabras de Jaime, hermano del Señor: “Si alguno cree ser religioso y no refrena su lengua, sino que engaña a su corazón, su religión es vana. La práctica religiosa pura e inmaculada ante Dios Padre es ésta: asistir a los huérfanos y viudas en sus tribulaciones y guardarse incontaminado frente al mundo." (Stg.1:26-27).


Esta abstinencia nos otorga el derecho de manifestar que el Cristianismo no es ninguna filosofía ni religión natural, sino sanación primordialmente. Es a través de la sanación de las pasiones del hombre que podemos obtener comunión y unión con Dios.


En la parábola del Buen Samaritano, nuestro Señor nos muestra varias verdades. En cuanto el Samaritano vio al hombre caer entre ladrones quienes le hirieron y le dejaron medio muerto "... y viéndole se movió de compasión, acercóse le vendó las heridas, derramando en ellas aceite y vino; le hizo montar sobre su propia cabalgadura, le condujo al mesón y cuidó de él." (Luc.10:33-34). Cristo curó al hombre herido y lo llevó hasta la posada, al Hospital que es la Iglesia misma. En dicho pasaje, Cristo es presentado como un médico que cura las enfermedades del hombre y la Iglesia como un Hospital.


Es muy característico que analizando ésta parábola, San Juan Crisóstomo presente las verdades que hemos apenas enfatizado. El hombre haya descendido del estado celestial al estado de la decepción del maligno y cayó entre ladrones, esto es, el maligno y sus poderes diabólicos. Las heridas que ha recibido son los varios pecados cometidos. Como dice David: "Mis llagas son fétidas y purulentas a causa de mi locura" (Sal.38:5). Puesto que todo pecado trae consigo heridas y llagas. El Samaritano es Cristo mismo, quien baja del cielo a la tierra para curar al hombre herido. Usó vino y aceite para curar las heridas. Esto significa que mezclando el Epíritu Santo con su sangre, trajo vida al hombre. De acuerdo a otra interpretación, el aceite trae la palabra consoladora mientras el vino provee la loción astringente, la instrucción que brinda concentración a la mente esparcida. Le colocó sobre su propio animal: "Tomando su carne sobre sus divina espalda, lo levantó hacia el Padre que está en los cielos". Es allí que el Buen Samaritano, Cristo mismo, conduce al hombre a la maravillosa y espaciosa posada, la Iglesia Universal. Le conduce hacia el guardián de la posada, que es el apóstol Pablo y a través de “Pablo a los sacerdotes maestros y ministros de cada iglesia” diciendo: “Cuidad del pueblo de los gentiles a quienes os he dado en la iglesia. Dado que el hombre está enfermo y herido por el pecado, curadle poniendo sobre él un recubrimiento de piedra, que es en los dichos proféticos y enseñanzas evangélicas, haciéndoles uno mediante las admoniciones y exhortaciones del Antiguo y Nuevo Testamentos. Así que según San Juan Crisóstomo, Pablo es aquél quien sostiene las iglesias de Dios y cura a todos los hombres mediante admoniciones espirituales, distribuyendo el pan de ofrenda a cada uno de ellos…” (2).


En la interpretación que realiza San Juan Crisóstomo de ésta parábola, queda evidentemente claro que la iglesia es un Hospital que cura a aquellos que se encuentran enfermos por el pecado, mientras que los obispos y sacerdotes, como el Apóstol Pablo, son los sanadores del pueblo de Dios.


Estas verdades aparecen también en muchos otros sitios del Nuevo Testamento. El señor dijo: "No tienen los sanos necesidad de médico, sino los enfermos" (Mat.9:12). Así mismo Cristo, como medico de almas y cuerpos, estuvo “...y le traían a todos los que padecían algún mal: a los atacados de diferentes enfermedades y dolores y a los endemoniados, lunáticos, paralíticos y los curaba" (Mat.4:24). El apóstol Pablo conoce bien que la conciencia del hombre, epecialmente de los más sencillos, es débil: "Y así, pecando contra los hermanos e hiriendo su consciencia flaca, pecaís contra Cristo" (ICor.8:12). El libro de la Revelación dice que Juan el Evangelista vió un río de agua de vida proveniente del Trono de Dios y del Cordero. "Y a un lado y otro del río había un árbol de vida... y las hojas del árbol eran saludables para las naciones" (Apc.22:2).


Así que el trabajo de la Iglesia es terapéutico. Busca la curación de las enfermedades del hombre, principalmente aquellas del alma que le tormentan. Esta es la base de las enseñanzas del Nuevo Testamento y de los Padres de la Iglesia. En lo que sigue en éste capítulo así como los capítulos subsecuentes, muchos pasajes de los Santos Padres confirmarán ésta verdad.


Una vez mas quiero enfatizar la indispensabilidad de la Iglesia. Estoy muy agradecido al sacerdote y profesor John Romanides por recalcar esto en sus escritos. Estoy convencido que es un conocedor auténtico de los Padres népticos, especialmente en sus escritos contenidos en la Filocalía, y por lo tanto ha comprendido el verdadero sentido del Cristianismo. Estoy seguro que ésta es su gran contribución. Dado que en nuestra era el Cristianismo está siendo presentado como una filosofía o teología intelectual, inclusive como tradición popular – costumbres y maneras – El presenta su enseñanza de la disciplina terapéutica y respectivo tratamiento.


En concreto, dice: “Tener Fe en Cristo sin tener curación en Cristo no es Fe alguna. Esta es la misma contradicción que se presenta cuando un enfermo que tiene confianza en su médico no lleva a cabo el tratamiento que éste le recomienda. Si el Judaismo y su sucesor, el Cristianismo, hubiesen aparecido en el siglo XX por primera vez, muy probablemente hubiesen sido caracterizados no como religiones sino como ciencias médicas relacionadas con la psiquiatría. El Cristianismo hubiese tenido una amplia influencia en la sociedad, y ésta le debería sus éxitos considerables por la sanación de las enfermedades de la personalidad parcialmente en función. De ninguna manera el judaísmo profético y el Cristianismo pueden ser concebidas como religiones que utilizan varios métodos mágicos y creencias que prometan escapar de un mundo material, hipócrita y maligno para trascender a un supuesto mundo espiritual de seguridad y prosperidad”.


En otro escrito, el mismo profesor dice: “La tradición patrística no es ni filosofía social ni un sistema ético y mucho menos dogmatismo religioso: es un tratamiento terapéutico. Con respecto a lo anterior, se asemeja a la medicina, especialmente a la psiquiatría. La energía espiritual del alma que ora incesantemente en el corazón es un instrumento fisiológico que todo mundo posee y que requiere ser sanado. Ninguna filosofía ni ninguna de las ciencias sociales positivas es capaz de sanar dicho instrumento. Esto es posible solamente a través de las enseñanzas népticas y ascéticas de los Santos Padres. Por lo tanto, quienes no conocen sanación usualmente ni siquiera saben de la existencia de éste instrumento.”



Así es pues que en la Iglesia estamos divididos entre enfermos, aquellos que sobrellevan tratamiento terapéutico y aquellos – santos – que ya han sido sanados. “Los Santos Padres no categorizan a las personas en morales e inmorales o buenos y malos según las leyes morales. Esta división es superficial. En profundidad, la humanidad es diferenciada entre aquellos con enfermedad en el alma, aquellos que están siendo sanados y aquellos que ya han sanado. Todo aquél que no se encuentra en un estado de iluminación tiene enfermedad en el alma… No es solamente a través de la buena voluntad, buena resolución, práctica moral y devoción a la Tradición Ortodoxa que hacen a un Ortodoxo, sino además purificación, iluminación y deificación. Estos estados de sanación son el propósito de la vida mística de la Iglesia, tal como los textos litúrgicos lo testifican”.
Este documento es una traducción al español de una parte del Libro "Orthodox Psychotherapy", escrito por su Eminencia Hierotheos, Metropolita de Nafpaktos y Agios Vlasios. Su Eminencia estudió Ciencias Teológicas en la universidad de Salónica, Grecia y ha investigado muy de cerca los textos patrísticos.

sábado, 30 de mayo de 2009

Espiritualidad Cotidiana: La Importancia de un Corazón Agradecido

San Pablo escribe en Corintios 1:4 “Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús”. La nota en nuestra Biblia Ortodoxa de Estudio que corresponde a éste pasaje es la siguiente: “Nada es más aceptable a Dios que nuestro agradecimiento por su gracia, tanto hacia con nosotros como hacia con los demás”. Esta nota explicativa de carácter profundo es tan importante para nuestro bienestar dado que el hecho de tener un corazón agradecido es finalmente lo que nos conduce a amar según la manera que Dios nos ama.

Al comienzo de entender la profundidad del amor de Dios nos transforma siempre para mejor. Aquí está Dios que ha creado el universo –algo a partir de la nada- y da vida dentro de ese universo para incluirnos en él. Existimos por el placer de Su pensamiento. No nos impone nada, sin embargo nos concede todo lo posible para una vida llena de alegría y placer. Tenemos la completa libertad para hacer, decir o pensar aquello que queramos. El desea que tengamos ésta libertad aun así la utilizamos para rechazarle. Su deseo es simplemente que le amemos y amemos también a los demás. El bien sabe que amarle y amar a los demás es la llave para tener paz interior así como para vivir una vida de alegría verdadera libre de preocupaciones y ansiedad. Para lograr esto, lo único que pide de nosotros es un único sacrificio de nuestra parte, “tomar nuestra cruz y seguirle” para que podamos “perder nuestra vida para ganarla en El”. Este mandamiento de seguirle y negar constantemente nuestras inclinaciones pecaminosas para experimentar la vida tal cual lo desea para nosotros es lo que nos conducirá a una felicidad y paz verdaderas. Mas allá, El lo hace posible para nosotros mediante su propio sacrificio. A pesar de que El es nuestro creador, se sacrificó a Sí mismo para reparar nuestro rechazo contra El. Sufrió la crucifixión y muerte en la cruz para darnos los medios, sin infringir nuestro libre albedrío, de obtener victoria sobre el pecado y dirigir nuestras vidas hacia El.

Si en verdad nos ponemos a pensar en esto, es verdaderamente increíble. El amor de Dios y su desentendimiento por sí mismo están por encima de lo que lógicamente podamos entender. Pienso que lo más cerca que estamos de entenderlo es al ser padres. El amor a nuestros hijos será lo más lejos en desentendimiento de sí mismo que podremos llegar. La mayoría de nosotros haríamos cualquier cosa para proteger a nuestros hijos, aunque esto signifique arriesgar nuestras vidas para lograrlo. Pero inclusive éste inmenso amor es susceptible de perder la paciencia, gritar de manera inapropiada y en ocasiones ser desamables a pesar de las mejores de nuestras intenciones. El reflejar el amor perfecto y paciente de Cristo en todo momento y comprometerse al 100% a cuidar del bienestar del prójimo está más allá de nuestra naturaleza humana; inclusive hacia con nuestros hijos; esto es debido al pecado. Sin embargo, podemos avanzar hacia éste estado de crecimiento espiritual en el Señor y asemejarnos más y más a Cristo con el paso del tiempo. Un signo infalible que nos indica estar creciendo en el amor en Cristo es una apreciación y agradecimiento crecientes en nuestros corazones por todo aquello de lo que hemos sido provistos por Dios, a pesar de cualquier dificultad que estemos atravesando. Cuando tenemos éste tipo de momentos en que verdaderamente sentimos esto en nuestros corazones, estamos dirigiendo nuestra atención de nosotros mismos hacia algo fuera de nuestro ser: DIOS. Esta redirección de nuestros pensamientos hacia Dios no es sino el principio de nuestro crecimiento espiritual y es por eso que no existe nada más agradable a Dios que nuestro agradecimiento por su inmensa Gracia. El bien sabe que cuando somos agradecidos con El estamos abiertos a entender y recibir su amor así como a reflejárselo a los demás. Su amor por supuesto siempre está presente, pero tener un corazón agradecido nos permite percibir su realidad en mayor medida.

Podemos percibir la realidad del amor de Dios mediante un corazón agradecido por aquello que el corazón es en realidad. En el contexto bíblico, el corazón no es aquél órgano que late dentro de nuestro pecho. Es mas bien la entereza de nuestro ser, nuestra esencia como personas. La palabra corazón captura pobremente aquello que los autores del Nuevo Testamento quisieron expresar cuando hablaron acerca de él. La palabra en griego antiguo que los Santos Padres utilizaron es “nous”. Nous es un término en griego para el cual quizás no exista correspondiente en nuestra lengua. Por lo tanto, la palabra corazón es el concepto que más nos acerca a aquello a lo que se referían los Santos Padres cuando utilizaron dicho término. Se refiere a la parte más interna de nuestro ser, la misma esencia del ser que nos permite tener una percepción espiritual. El nous es nuestro vínculo con Dios y que ha sido ennegrecido por causa del pecado. Cualquier cosa que hagamos en nuestras vidas para ofrecérselo a Dios nos ayuda a restaurar nuestro nous; que es nuestro verdadero ser tal cual Dios nos lo propone en su infinito amor.

Como Cristianos Ortodoxos, dirigimos nuestro nous, nuestros corazones hacia Dios cada semana en un acto supremo de agradecimiento: la Eucaristía. La palabra eucaristía viene del griego y significa dar gracias. El hecho de llevar una vida de oración durante la semana y prepararse para la Santa Comunión es una expresión suprema de agradecimiento. A través de la Eucaristía, también devenimos la Comunidad del Amor de Cristo. Tal cual nos lo expone San Juan Damasceno, “se le llama Comunión y en verdad lo es, porque a través de ella, tenemos común unión con Cristo y compartimos su carne y su Divinidad; también, a través de la comunión nos unimos los unos con los otros. Puesto que compartimos el mismo pan, todos devenimos un cuerpo de Cristo y una sangre y miembros de unos y de otros, considerados como un cuerpo de Cristo.”

Lo más importante para Dios, mientras sentimos más y más su amor a través de nuestros corazones agradecidos según lo expresemos en nuestra vida diaria y participando de la Santa Comunión, es que seamos capaces de transmitirlo a través del trato con los demás. Por lo general se manifiesta en áreas de nosotros en las que previamente habían sido difíciles para nosotros, por ejemplo ser menos juiciosos en nuestros pensamientos sobre los demás, ser más paciente con los demás y compartir nuestro dinero a la caridad, tan solo por decir algunos. Esto es realmente lo que Dios desea para nosotros. El, Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, existe en una comunidad de amor eternamente presente. El nos creo para ser a la vez reflejo y participantes de ésta comunidad del amor. Es por eso que nos dice a través de las Escrituras que el principal mandamiento es amarlo a Él y a los demás; y todo comienza con un corazón agradecido.
Este documento fue traducido del inglés al español de su original redactado por Michael Haldas. Haldas es escritor y actualmente es profesor de Educación Religiosa en la Parroquia Griega Ortodoxa de San Jorge, de Bethesda, Maryland EEUU. Colabora con el Departamento de Educación Religiosa de la Arquidiócesis Griega Ortodoxa de Norteamérica escribiendo material educativo.