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viernes, 11 de marzo de 2011

CONSEJOS PARA UNA MISIÓN ORTODOXA NACIENTE

San Pablo Apóstol



En estos tiempos difíciles, se requiere de mucha labor para poder cosechar los frutos de una misión ortodoxa. Es por eso que debemos poner nuestros 5 sentidos al momento de hacer misión, dado que hay errores que pueden ser irreparables y que nos pueden conducir a perder todo el trabajo de años. Con el fin de que aquellas personas que se encuentren haciendo misión en la Fe Ortodoxa no cometan nuestros mismos errores, he creado una lista de puntos que si los hubiera sabido antes, hubiera sido muy benéfico para el trabajo misionero que hoy hacemos en Torreón.


Aquí están los puntos a los que me refiero:


1.- Antes que cualquier otra cosa, asegúrense de establecer en la práctica una celebración litúrgica o servicio y que éste sea constante. Una vez al mes, cada dos meses o cada tres; no importa, lo primordial es que sea constante y los miembros de la misión así lo perciban. Obviamente entre más cercano sea el intervalo mejor: una vez al mes o en casos una vez cada dos meses, dependiendo de las actividades de los miembros de la misión, será lo más adecuado. La presencia de un sacerdote es muy importante mas no indispensable. La misión puede continuar con sus celebraciones y recibir a un sacerdote una vez al año para que los miembros se confiesen. Existen comunidades ortodoxas en donde reciben la visita de su sacerdote dos veces al año y esto no es ningún impedimento para el crecimiento de dicha misión: celebrando los bautizos y crismaciones cuando viene el sacerdote.



2.- Por ningún motivo se precipiten en realizar papeleos ni trabajos administrativos de ningún tipo: el día que se tenga que cumplir con ciertos trámites, será porque se hará necesario acreditar lo que existe en la realidad y nada más. No cedan ante empujes de nadie para crear asociaciones, reconocer la personalidad jurídica de la misión, hacer documentos o firmar papeles. Será hasta el momento en que dicha misión se consolide y sea reconocida como tal ante los ojos de los miembros pero también de la sociedad en general en que se deba realizar ese papeleo, y sólo cuando la misión esté lista para convertirse en parroquia. Una parroquia representa al menos 25 familias. OJO: Las misiones que se precipitan en realizar trabajos administrativos de papeleo antes de tiempo, corren el riesgo de dejar de practicar la verdadera ortodoxia y terminar en una burocracia y administración organizativa religiosa. ¡MUCHO CUIDADO! La finalidad de la misión es nuestro crecimiento espiritual y la salvación de nuestras almas, no los “aseguramientos” legales que tal o cual jurisdicción pueda realizar. Nunca cedan ante presiones de nadie y de ningún tipo. El día que haya que reconocer lo que la realidad nos presente, entonces se tomarán cartas en el asunto; antes nunca.





3.- Si la misión cuenta con la visita de un sacerdote para administrar los misterios (las veces que sean al año: una o varias), procuren que sea siempre el mismo. Si la misión no está del todo conforme o a gusto con ese sacerdote u obispo, se vale invitar sacerdotes de otras jurisdicciones/tradiciones, hasta que encuentren a ese alguien cuyo perfil empata y se identifica plenamente con la comunidad. Sin embargo, una vez que ya se haya invitado a ese sacerdote en repetidas ocasiones, la misión debe procurar seguir con ese mismo. Por el otro lado, si no hay una razón grave y que sea de peso para alejarse de un sacerdote o jurisdicción, yo recomiendo que la misión siga trabajando con ese sacerdote o jurisdicción. La creación de una misión es un aprendizaje en muchas maneras. Muchas veces ese aprendizaje se refiere a ser pacientes y condescendientes con las faltas y errores de los demás sin solaparlos; sino dándonos cuenta de lo débil que es el ser humano y de lo constructivo que es el amor en Cristo que puede sanar cualquier alma y curar cualquier deformidad que en ella se encuentre.





4.- En caso que sea necesaria cualquier tipo de actividad que no se relacione específicamente con las celebraciones eclesiásticas (la renta o préstamo de un inmueble, la compra de material o mobiliario para la misión, gastos, y demás) sean lo suficientemente precavidos y tomen tiempo para escribirlo en papel. Cualquier acuerdo que la misión tome háganlo por escrito y fírmenlo entre los interesados. En una misión las cosas las hacemos de buena voluntad, pero nunca sabemos los giros que puedan tener nuestras personalidades: los humanos somos algo bastante complicado, un día podemos desear algo con mucho anhelo y al otro día cambiar de opinión. Además, el espíritu maligno puede atacar al mejor de entre nosotros.





5.- La misión debe siempre procurar establecer lazos amistosos y de familiaridad entre sus miembros de una manera natural. La amistad de los unos con los otros deberá prevalecer ante todo. El templo es la extensión de nuestros hogares. No sólo buscamos sentirnos orgullosos por tener una capilla ortodoxa a la cual ir a rezar los domingos, sino tener amigos para la eternidad. Alguna situación difícil puede llegar a nuestras vidas y aunque podemos encontrar muchos sabios consejos de muchas personas, siempre es bueno contar con el consejo de alguien que comparte nuestra Fe.





6.- La misión debe tener a una sola persona encargada para todo lo litúrgico y de catequesis. Sólo en caso de que la misión esté por convertirse en parroquia (más de 25 familias), requerirá de dos o más personas. Esto no es algo que yo saco de un libro, sino mi experiencia propia. Si bien es bueno involucrar a todos los integrantes de una misión en las labores administrativas (tesorería, organización de eventos, transporte de los sacerdotes, etc.) siempre habrá uno que: (1) se interesará más por toda la cuestión litúrgica (posible vocación al sacerdocio) y (2) que por su modo de vida y experiencias sea el más indicado para ese papel. MUY IMPORTANTE: Ser el encargado litúrgico y de catequesis es una gran responsabilidad. Por eso, al momento de aceptar ese cargo tenemos que seguir pase lo que pase. Un vacío de presencia de un papel como éste puede ser muy pernicioso para la misión y tener inclusive consecuencias desastrosas e irreversibles.





Estos puntos anteriores son algunos elementos que considero como principales para el desarrollo de una misión ortodoxa en nuestros días, en base a mi propia experiencia. De ninguna manera pretendo que sean una especie de guía para ninguna misión, pero considerarlos les podrá ser de gran ayuda. Tengamos siempre en cuenta que las misiones son agrupaciones vivas y que cada una de ellas es única y especial: sólo sus miembros (con la ayuda espiritual de un sacerdote comprometido) saben lo que mejor le conviene para su desarrollo.









sábado, 30 de mayo de 2009

Espiritualidad Cotidiana: La Importancia de un Corazón Agradecido

San Pablo escribe en Corintios 1:4 “Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús”. La nota en nuestra Biblia Ortodoxa de Estudio que corresponde a éste pasaje es la siguiente: “Nada es más aceptable a Dios que nuestro agradecimiento por su gracia, tanto hacia con nosotros como hacia con los demás”. Esta nota explicativa de carácter profundo es tan importante para nuestro bienestar dado que el hecho de tener un corazón agradecido es finalmente lo que nos conduce a amar según la manera que Dios nos ama.

Al comienzo de entender la profundidad del amor de Dios nos transforma siempre para mejor. Aquí está Dios que ha creado el universo –algo a partir de la nada- y da vida dentro de ese universo para incluirnos en él. Existimos por el placer de Su pensamiento. No nos impone nada, sin embargo nos concede todo lo posible para una vida llena de alegría y placer. Tenemos la completa libertad para hacer, decir o pensar aquello que queramos. El desea que tengamos ésta libertad aun así la utilizamos para rechazarle. Su deseo es simplemente que le amemos y amemos también a los demás. El bien sabe que amarle y amar a los demás es la llave para tener paz interior así como para vivir una vida de alegría verdadera libre de preocupaciones y ansiedad. Para lograr esto, lo único que pide de nosotros es un único sacrificio de nuestra parte, “tomar nuestra cruz y seguirle” para que podamos “perder nuestra vida para ganarla en El”. Este mandamiento de seguirle y negar constantemente nuestras inclinaciones pecaminosas para experimentar la vida tal cual lo desea para nosotros es lo que nos conducirá a una felicidad y paz verdaderas. Mas allá, El lo hace posible para nosotros mediante su propio sacrificio. A pesar de que El es nuestro creador, se sacrificó a Sí mismo para reparar nuestro rechazo contra El. Sufrió la crucifixión y muerte en la cruz para darnos los medios, sin infringir nuestro libre albedrío, de obtener victoria sobre el pecado y dirigir nuestras vidas hacia El.

Si en verdad nos ponemos a pensar en esto, es verdaderamente increíble. El amor de Dios y su desentendimiento por sí mismo están por encima de lo que lógicamente podamos entender. Pienso que lo más cerca que estamos de entenderlo es al ser padres. El amor a nuestros hijos será lo más lejos en desentendimiento de sí mismo que podremos llegar. La mayoría de nosotros haríamos cualquier cosa para proteger a nuestros hijos, aunque esto signifique arriesgar nuestras vidas para lograrlo. Pero inclusive éste inmenso amor es susceptible de perder la paciencia, gritar de manera inapropiada y en ocasiones ser desamables a pesar de las mejores de nuestras intenciones. El reflejar el amor perfecto y paciente de Cristo en todo momento y comprometerse al 100% a cuidar del bienestar del prójimo está más allá de nuestra naturaleza humana; inclusive hacia con nuestros hijos; esto es debido al pecado. Sin embargo, podemos avanzar hacia éste estado de crecimiento espiritual en el Señor y asemejarnos más y más a Cristo con el paso del tiempo. Un signo infalible que nos indica estar creciendo en el amor en Cristo es una apreciación y agradecimiento crecientes en nuestros corazones por todo aquello de lo que hemos sido provistos por Dios, a pesar de cualquier dificultad que estemos atravesando. Cuando tenemos éste tipo de momentos en que verdaderamente sentimos esto en nuestros corazones, estamos dirigiendo nuestra atención de nosotros mismos hacia algo fuera de nuestro ser: DIOS. Esta redirección de nuestros pensamientos hacia Dios no es sino el principio de nuestro crecimiento espiritual y es por eso que no existe nada más agradable a Dios que nuestro agradecimiento por su inmensa Gracia. El bien sabe que cuando somos agradecidos con El estamos abiertos a entender y recibir su amor así como a reflejárselo a los demás. Su amor por supuesto siempre está presente, pero tener un corazón agradecido nos permite percibir su realidad en mayor medida.

Podemos percibir la realidad del amor de Dios mediante un corazón agradecido por aquello que el corazón es en realidad. En el contexto bíblico, el corazón no es aquél órgano que late dentro de nuestro pecho. Es mas bien la entereza de nuestro ser, nuestra esencia como personas. La palabra corazón captura pobremente aquello que los autores del Nuevo Testamento quisieron expresar cuando hablaron acerca de él. La palabra en griego antiguo que los Santos Padres utilizaron es “nous”. Nous es un término en griego para el cual quizás no exista correspondiente en nuestra lengua. Por lo tanto, la palabra corazón es el concepto que más nos acerca a aquello a lo que se referían los Santos Padres cuando utilizaron dicho término. Se refiere a la parte más interna de nuestro ser, la misma esencia del ser que nos permite tener una percepción espiritual. El nous es nuestro vínculo con Dios y que ha sido ennegrecido por causa del pecado. Cualquier cosa que hagamos en nuestras vidas para ofrecérselo a Dios nos ayuda a restaurar nuestro nous; que es nuestro verdadero ser tal cual Dios nos lo propone en su infinito amor.

Como Cristianos Ortodoxos, dirigimos nuestro nous, nuestros corazones hacia Dios cada semana en un acto supremo de agradecimiento: la Eucaristía. La palabra eucaristía viene del griego y significa dar gracias. El hecho de llevar una vida de oración durante la semana y prepararse para la Santa Comunión es una expresión suprema de agradecimiento. A través de la Eucaristía, también devenimos la Comunidad del Amor de Cristo. Tal cual nos lo expone San Juan Damasceno, “se le llama Comunión y en verdad lo es, porque a través de ella, tenemos común unión con Cristo y compartimos su carne y su Divinidad; también, a través de la comunión nos unimos los unos con los otros. Puesto que compartimos el mismo pan, todos devenimos un cuerpo de Cristo y una sangre y miembros de unos y de otros, considerados como un cuerpo de Cristo.”

Lo más importante para Dios, mientras sentimos más y más su amor a través de nuestros corazones agradecidos según lo expresemos en nuestra vida diaria y participando de la Santa Comunión, es que seamos capaces de transmitirlo a través del trato con los demás. Por lo general se manifiesta en áreas de nosotros en las que previamente habían sido difíciles para nosotros, por ejemplo ser menos juiciosos en nuestros pensamientos sobre los demás, ser más paciente con los demás y compartir nuestro dinero a la caridad, tan solo por decir algunos. Esto es realmente lo que Dios desea para nosotros. El, Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, existe en una comunidad de amor eternamente presente. El nos creo para ser a la vez reflejo y participantes de ésta comunidad del amor. Es por eso que nos dice a través de las Escrituras que el principal mandamiento es amarlo a Él y a los demás; y todo comienza con un corazón agradecido.
Este documento fue traducido del inglés al español de su original redactado por Michael Haldas. Haldas es escritor y actualmente es profesor de Educación Religiosa en la Parroquia Griega Ortodoxa de San Jorge, de Bethesda, Maryland EEUU. Colabora con el Departamento de Educación Religiosa de la Arquidiócesis Griega Ortodoxa de Norteamérica escribiendo material educativo.

sábado, 4 de abril de 2009

Discurso del periodista ortodoxo Mathieu Gallatin

El texto siguiente es una traducción al español de un discurso del periodista ortodoxo Mathieu Gallatin a través de la radio ortodoxa por internet "Ancient Faith Radio" a propósito de su primera emisión.
Presentación del Podcast: “Peregrinos del Paraíso”

Tengo aún la Biblia del Rey Jaime, la misma que utilizaba cuando era un pastor protestante evangélico a principios de los ochentas. En algún momento durante aquellos años como pastor, asimilé el verso que se lee en el Salmo 84, verso 5 y que dice: “Dichosos los hombres cuya fuerza está en Ti, y las subidas en su corazón”. Si han leído my libro “Thirsting for God in a Land of Shallow Wells”, sabrán que éste verso describe toda mi vida y no únicamente mis años como pastor, sino todos los años antes y después de aquél capítulo particular en mi historia. Desde mi infancia, siempre tuve la sensación de viajar alrededor del mundo y no ha lugares distantes que aún no había conocido, sino a una experiencia y vivencia de Dios más profunda. Claro que ésta necesidad de continuar en movimiento, ese sentimiento de no ser sino un peregrino en este mundo era una convicción en mi corazón que compartía con varios de mis amigos evangélicos; el sendero que yo caminaba era el mismo que el de los demás. En mi peregrinaje, obtenía a través de mi Fe una visión de mi destino: el reino de Dios. Sabía que un mundo bello y divino, libre de tristeza, sufrimiento y dolor me esperaba al final de mi viaje: ya fuera cuando me despidiera de ésta vida con mi muerte, o en caso de tener fortuna, ver la gloriosa Segunda Venida de Cristo, caminando a través de las puertas de la Nueva Jerusalén y vivir la vida de la Santísima Trinidad por siempre. Mi vida día a día como peregrino ligado a ese reino era la misma que compartía con mis amigos evangélicos. De hecho, en conjunto con la mayoría de las tradiciones cristianas occidentales, refinaba continuamente mi imagen del Reino Celestial y del Dios que allí reside escuchando a predicaciones sabias, maestros, leyendo los libros cristianos de moda, o a través de mi propio estudio intensivo de las escrituras. Buscaba perfeccionar mi imagen de Dios, trataba de entenderle en mayor profundidad, verle con gran claridad. Mis mas grandes alegrías eran compartir con mis compañeros peregrinos las cosas más nuevas que había descubierto de nuestro Señor, mientras meditaba devotamente en las escrituras, y claro, tenía la oración. Mi vida de oración era algo muy parecido a como el centro de transferencias de Manhattan lo describiría: “operadora, información, póngame a Jesús al teléfono”. En aquél entonces, la oración era para mi establecer contacto con Dios a través de una línea de larga distancia entre mi vida en ésta tierra y el reino glorioso en el que El habita. A través de la oración, buscaba familiarizar a Dios con mi vida, con mis esfuerzos y mis logros, mis esperanzas y mis sueños, mis pecados y mis fallos. Al mismo tiempo, le brindaba a Dios la oportunidad de hablarme a través del espacio infinito entre su trono y mi corazón. En algunas ocasiones, mi oración resultaba efectiva, pero en otras ese golfo entre yo y el cielo resultaba tan inmenso, como si la conexión telefónica tuviera interferencia, como lo explicaba en miles de ocasiones. Algunas veces, mi oración no se elevaba más allá del techo. También intentaba conectar con mi destino ulterior de peregrino con el culto y la alabanza a través de canciones tan inspiradoras que afortunadamente se ofrecían a partir de los 70’s en un estilo compatible con mis gustos musicales contemporáneos. Buscaba tocar a Dios y cuando la música era en verdad “especial”, le sentía meneando mis emociones internas: desde una paz profunda hasta una aceleración eléctrica. Todo esto: estudiar las escrituras, orar, alabar y el culto hacían que de alguna manera mi alma de peregrino se uniera a ese destino que creía me esperaba al final de mi paso por el mundo. Estos eran mis eslabones fortificantes, mi unión con el dios que conocería en ese reino de luz que por el momento solo era una visión futura hecha realidad a través de mi firme creencia en ella.

Es claro que el estilo de vida que vengo de describir representa solo un tipo de peregrinaje. Consiste en un viaje a un lugar desconocido que nunca hemos visitado y sin embargo toda nuestra vida hemos deseado ir. En éste tipo de peregrinaje, sueñas ese destino tuyo en tu vida entera; lees sus anuncios, ves sus fotografías e imágenes, pasas mucho tiempo imaginando como será cuando finalmente llegues a ese lugar. Haces todo lo que te inspira a seguir moviéndote y acercándote a ese lugar tan amado y a la vez desconocido.

Pero existe también otro tipo de peregrinaje y no consiste en el viaje a un destino visionado que el peregrino aún no ha alcanzado. Ese peregrinaje es el hecho por aquellas personas que han sido exiliadas de su patria y expulsadas a las faldas ulteriores del mundo; viviendo como refugiados en un mundo extraño. Para ésta gente, el peregrinaje significa vagar en una tierra que no entienden, pasando por emigrantes en un mundo en el cual no tienen lugar ni cabida. Esta gente tiene mucha dificultad en armonizar con éste mundo puesto que continúan viviendo sus vidas como si las viviesen en su lugar de origen. No observan las costumbres y convenciones de su nuevo medio ambiente, así que en realidad, nunca dejaron su patria. Su patria está en sus corazones y no es solamente una memoria nostálgica, es la fuente misma de su ser. Existen muchas diferencias importantes entre la Cristiandad de occidente (y me refiero al mundo del catolicismo, anglicanismo, las confesiones protestantes originales y la miríada de denominaciones y no-denominaciones que éstas han hecho) y a la Cristiandad de oriente: esto es el mundo de los ortodoxos. Estas diferencias son más evidentes e inclusive polos opuestos, cuando se llega el momento de entender de lo que verdaderamente trata el peregrinaje del Cristiano. Por lo que hemos visto, los Cristianos occidentales se ven a sí mismos como peregrinos del primer tipo, personas encaminadas a un lugar desconocido. Pero los creyentes ortodoxos son peregrinos del segundo tipo; no son peregrinos con camino a algún paraíso lejano, no se encuentran viajando a un hacia algún reino que les espera en un futuro. No, los cristianos ortodoxos son en realidad peregrinos del paraíso. Los ortodoxos no conocen al cielo como un lugar lejano, para ellos el reino de Dios no existe allá, en algún lugar allende al gran golfo del tiempo y del espacio. De hecho, los ortodoxos dirían que el problema fundamental de aquella gente que se queja que su oración no suba más allá del techo es que están viendo muy lejos y que oran en la dirección equivocada; puesto que la última verdad cristiana es: “el Reino de Dios ya está entre vosotros” (Lucas 17:21). A través de los años he escuchado disputas entre algunos predicadores, maestros y teólogos occidentales respecto del significado de las palabras de San Lucas. ¿Por qué? Porque tienen una visión occidental del peregrinaje. Sostienen que el cielo y el dios que en él habita existen en algún lugar lejano a éste entorno terrestre, así que no hay manera posible en que el reino esté entre nosotros. Esto no es lo que los cristianos ortodoxos creen y sostienen. Cuando San Pedro predicó su primer sermón cristiano evangélico el día de Pentecostés, mismo que se encuentra registrado en el Capítulo 2 del Libro de Hechos, quienes le escucharon se rindieron de rodillas. En ésta presentación del evangelio de Jesucristo, miles gritaron: ¿Que debemos hacer?, clamaron para saber cómo podían ser salvos y participar del Reino de Dios. A sus corazones caídos, Pedro les contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). He ahí lo que la gente necesita para ser salvos: ser Cristianos es recibir al Espíritu Santo. Dios tiene que venir y vivir dentro de ellos, lo que esto significa que para alcanzar el cielo no se requieren oraciones de “larga distancia” ni que éstas sean espiritualmente catapultadas por encima del techo y a través del espacio y del universo, dado que el Verdadero Dios está aquí mismo, entre nosotros. San Pablo confirma lo anterior a los creyentes en Roma cuando les dice: “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Romanos 5:5).

¿Puede Dios separarse de su reino? No. Donde quiera que se encuentre Dios, ahí estará su reino. Como cristianos, tenemos al Espíritu Santo, el Dios Vivo habitando en nuestro interior, así que el reino de Dios no es algo por lo cual debamos hacer hacia él un peregrinaje para encontrarlo algún día. Más bien y como el apóstol Pablo proclama: “Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor” (Colosenses 1:13). Ya nos encontramos allí, ya nos encontramos en el Reino puesto que el Reino ya está en nosotros. Como cristiano ortodoxo, la vida en el Reino de Dios es mi experiencia tangible y cotidiana del Cristo Vivo que habita en mi a través del poder del Espíritu Santo. Estoy consciente de su vida dentro de mí, le encuentro respirando a través de mí, pensando dentro de mí, actuando a través de mí. Sé de su presencia mientras toma mi vida y la transforma en la suya.

Si bien mi peregrinaje como Cristiano ortodoxo no es el de llegar algún lado, el sendero es como quiera pesado y demandante. Pero el propósito del viaje se resume en descubrir como sobrellevar ésta otra realidad, éste ambiente mundano en el cuál me encuentro por ahora. Por la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesucristo, éste mundo es para mí un paisaje extraño. El verdadero peregrinaje se trata de vivir la vida del paraíso en éste lugar extraño. Se trata de vivir el estilo de vida de mi verdadera patria sin miedo; se trata de regocijarse en vez de encogerse cuando la gente descubra lo completo, inflexible y descomprometido forastero que soy. Se trata de ser un ciudadano del Reino de Dios, que es mi existencia natural debido al Espíritu que en mí habita; sin dejarme ser arrollado por las ambiciones, actitudes, sentimientos y actividades en que consiste mi vida en éste ambiente mundano. El verdadero peregrinaje consiste en ser maravillosamente raro para aquellos que viven a mi alrededor, de la misma manera que el Hijo de Dios en su paso por ésta tierra, ya que en todo sentido verdadero y real, Él aún está en ésta Tierra. Él vive y se mueve en las vidas de los verdaderos peregrinos. Lo que nunca pude esperar en tanto que cristiano occidental, lo he encontrado en éste viaje tan diferente de peregrinaje en la Fe ortodoxa. He descubierto que la relación viviente con Cristo, aquella que he buscado durante toda mi vida, no podía ser obtenida simplemente a través del estudio de la Biblia, oración y alabanza que había heredado de mi tradición cristiana occidental. ¿Por qué? Es sencillo. El reino para aquellos cuyo objetivo es un dios distante y que sólo puede ser alcanzado por el pensamiento, es un reino que a lo mucho podrá ser vívidamente imaginado. Así que para realmente experimentar al Cristo Vivo que ya vive dentro de mí, para encontrarlo en el modo mismo de vida que llevo, requiere una espiritualidad muy diferente. Requiere mucho más que principios bíblicos, sentimientos espirituales cálidos e intentos de comunicar mis sentimientos a un dios que se encuentra allí fuera. Un amigo que recientemente se convirtió a la Fe Ortodoxa, proveniente del protestantismo evangélico, utilizó el otro día una analogía que captura perfectamente la diferencia entre como la Cristiandad occidental y la oriental experimentan a Dios y al peregrinaje. Dijo: “Sabes, como evangélico me sentía como alguien que toda su vida se ha dedicado al estudio del agua. Cuidadosamente he analizado todo lo que ha sido escrito al respecto, he desarrollado opiniones sobre su estructura intrínseca, puedo listar todas sus propiedades únicas. Había incluso pasado mucho tiempo diciéndole a la demás gente lo maravillosa que es el agua, inclusive habría tenido visiones de estar inmerso en ella. Pero ahora en tanto que cristiano ortodoxo, me encuentro repentinamente nadando en el océano.” El punto es el siguiente: nadar no es algo que crea, o conozca, o siquiera sienta; es algo que hago. De la misma manera, la vivencia de Cristo no es algo que logre simplemente creyendo, conociendo o siquiera pasivamente sintiendo. Para experimentar genuinamente al Cristo Vivo que habita en mí, debo realizar cosas con Él. Participando con Él en actividades especiales que Él mismo dirige, le doy la oportunidad de hacer algo más allá de inspirar mis pensamientos o implementar en mí ideas amorosas, imágenes nobles o sentimientos espirituales. Por el contrario, permito al ser viviente de Jesucristo irrumpir sucesivamente en mí. Le permito ser a través de mí y como resultado mi vida se transforma en la suya.

¿Y exactamente a qué tipo de actividades me refiero? Me refiero a lo que tradicionalmente se le conoce como la Vida Sacramental, que incluye actos como el bautizo, la eucaristía que es el recibimiento real del cuerpo y la sangre de Cristo en mi propio cuerpo, y la confesión que es arrepentirme de mis pecados en la presencia de un sacerdote. La vida sacramental incorpora también prácticas como la oración formal que es rezar con oraciones de un devocionario, y el ayuno. Como podrán ver, ninguno de los anteriores son simples conceptos doctrinales en los cuales se cree firmemente. No se trata de la expresión de visiones del Cielo que esperamos experimentar algún día. No, son acciones que realizamos aquí y ahora mismo, en unión con Jesucristo. El llevar a cabo éstas acciones en unión con Él, le permite estar activo en nosotros, vivir en nosotros. Como resultado, su vida, la vida del paraíso, la vida de nuestra verdadera patria, se manifiesta a aquellos que viven en éste mundo a través de nosotros; en éste mundo en el que nos encontramos como inmigrantes refugiados.

Por todo lo anterior, he decidido nombrar éste podcast regular “Peregrinos del Paraíso”. Lo que sea que discutamos semana a semana, les aseguro, estará relacionado en como vivir una vida de paraíso en éste mundo no paradisíaco. Familiarizaré a la audiencia no ortodoxa con el conocimiento apostólico antiguo respecto de Dios y de la salvación que hace de la Ortodoxia un universo espiritual diferente al Occidente cristiano multi denominativo. Espero que disfruten de nuestras pequeñas aventuras juntos. Para radio Ancient Faith, éste es Mathiew Gallatin.

Mensaje del Padre Damianos

El siguiente es un mensaje escrito por el Padre Damianos, sacerdote de la Catedral de Santa Sofía de México dirigido a todos los ortodoxos; mismo que compartimos con Ustedes:
Estimados Parroquianos:
Deseamos recordarles varias, olvidadas y comprensibles verdades con respecto al tema de nuestras relación con la vida parroquial. Con mucha humildad y sin intención arrogante, por razones de responsabilidad pastoral y caridad, nos vemos impulsados a recordarles e invitarlos, hijos de la Iglesia y de la Parroquia, a una participación consciente de la vida espiritual, litúrgica y filantrópica de la Parroquia.
Para ésto, veamos primeramente qué significa Parroquia.
El significado de Parroquia expresa la sustancia de nuestra vida cristiana. La experiencia nos enseña que cada esfuerzo de renovación de la vida eclesial empieza en la Parroquia; la cual es la comunión eclesial en un lugar determinado. No se trata de una parte de la Iglesia, sino de plenitud y fin, conformada por el Pueblo de Dios, el sacerdocio, y el altar que se conserva y sostiene por el Obispo. Cada cristiano perteneciente a una Parroquia, debe tener consciencia que pertenece a la Iglesia y que es por medio de la Parroquia que se encuentra en una relación orgánica con el cuerpo místico de Dios. En la Parroquia, el fiel bautizado inscribe su nombre en los sacros libros de la Iglesia. La inscripción de un nombre es una acción sacra puesto que nos inscribimso en el Libro de Dios y por ésto debemos estar atentos para no eliminar nuestros nombres de él.
Entendemos entonces los lazos que nos relacionan con la Parroquia y nuestro templo. Somos todos hermanos, somos todos un sólo cuerpo; el cuerpo de Cristo que comulgamos del mismo cáliz que nos une con Él y entre nosotros. Por ésto, no debemos separarnos de nuestra Parroquia por ninguna razón. De manera especial, no debemos separarnos de nuestra frecuencia eclesiástica, la Divina Liturgia y los Oficios Divinos que se realizan en nuestro templo.
El hecho que seamos miembros de una Parroquia que honre el nombre de Cristo, de la Virgen María o de los Santos, es una gran bendición; ya que es en ésa Parroquia en específico que vivimos el misterio de la Iglesia, junto con todos los santos.
En verdad, como cristianos ortodoxos conocemos todo ésto. Somos sensibles de nuestras responsabilidades. Sabemos qué significa ser parroquiano; parroquiano significa que tengo el honor y Don de Dios de ser miembro de su Iglesia.
Ser parroquiano significa que me interesa tanto cuanto sea posible, lo que me pide Dios para mis hermanos en Cristo; que lucho con la gracia de Dios para transformarme en un miembro mejor, más fiel y digno de la Iglesia y nuestra Parroquia. Significa que no soy mero espectador, sino que doy en el presente lo que se necesita, entregándome en sacrificios por amor a Cristo y a cada uno de mis semejantes; que veo cada hombre no bajo el prisma de las conveniencias e intereses o negocios, sino bajo el prisma de la hermandad y de la comunidad.
Les impulsamos y suplicamos se vuelvan hacia la Parroquia, a conocernos en Cristo, colaborar mutuamente; que hablemos, que nos comuniquemos, que nos encontremos en el mismo camino espiritual cuya raíz es nuestra misma Fe en Jesús Cristo.
Que el Señor nos conceda comprender la grandeza de nuestra vocación y misión cristiana y que el Espíritu Santo nos sostenga por su gracia para que nuestra Parroquia sea un ícono viviente de la Santísima Trinidad.

Mensaje Introductorio

Somos una misión del Sacro Arzobispado Griego Ortodoxo de México, perteneciente al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Sin embargo, ésta página nace de la inquietud de los mismos miembros de la comunidad y en ningún caso se trata de alguna página oficial del Arzobispado.

Éste proyecto responde la necesidad latente de contar con un espacio propio en donde compartir con los demás, nuestra vida de comunidad ortodoxa en la región de la Laguna, México; así como los fundamentos de nuestra Fe Ortodoxa y aspectos característicos de nuestra Tradición.

Buscamos que ésta página sea un medio de apoyo para las nuevas actividades que desempeñaremos, invitando cordialmente a todos aquellos que estén interesados a unirse a nuestro esfuerzo.

Anhelamos que todo el material que publicado en ésta página sea también de gran ayuda y del gusto de todos los visitantes; así que sean todos BIENVENIDOS.

Comunidad Ortodoxa de la Laguna